No me malinterpreten, soy el
hombre más afortunado del mundo. El día de mi matrimonio fue un día
espectacular y a la vez, fuerte en lo afectivo y emocional. Fue un día de extrema alegría. La mujer de mi vida me
aceptó incondicionalmente. Por ella soy lo que soy, por ella somos lo que
somos. Sin embargo, hoy fue un cúmulo de sensaciones quizás más intensas. Hoy
fue un día donde no sé si afirmar qué fue más intenso: el esfuerzo físico o el
emocional.
Desprenderse, soltar, soñar,
desear, sufrir, esperar y amar; sobre todo eso, amar.
Que si estoy cansado?, no, en
realidad no. Ver a mi familia bien, saber que van a estar aún mejor. Sentirlos
bien, saber que se sentirán cada vez mejor. No tiene precio. Sólo un padre puede
sentir esto: el vínculo con sus hijos y su esposa no es físico, es enteramente
afectivo y eso, eso, revitaliza. Yo, cansado no estoy, de hecho, me siento con
todas las energías. Quienes me conocen me desconocerían. Yo, levantado a las
5:30 a.m.? escribiendo? Y dispuesto a lo que sea? Escucho en mi mente a mi
madre diciendo, es ese mi hijo? Si madre, ese soy yo. Este es mi nuevo yo. Este
es y será mi mejor yo.
Es más, me atrevo a afirmar que
creo en Dios, me atrevo a afirmar que siento su impresionante presencia, me
atrevo a afirmar que Dios está conmigo y que Dios me acompaña. Creo en él, y le
estoy infinitamente agradecido. Él me ha retornado más de lo que yo he podido y
podré ofrecer, pues me ha dado la familia más maravillosa que un hombre puede desear. Hoy lo he comprobado, hoy
lo he sentido, hoy lo sé.
El hilo de oro.
Madre decía que lo que nos une es
un hilo de oro. El metal más ductil que existe, el metal que permite estirarse
a lo máximo. No, ese hilo no se rompe, ese hilo no se romperá. Lo que nos une a
nuestra familia sigue ahí, solo que se ha estirado un poco. Hoy lo he
comprobado, hoy me siento más unido a mi familia aún cuando la distancia es
mayor. Pero su presencia, su aura, su energía, las siento de forma más intensa.
Este hilo es irrompible. Ha tejido una capa ultraprotectora.
La despedida
Fácil, serena? No, difícil e
intensa. Las lágrimas se abrieron paso, era imposible contenerlas, el cascaron
falso de la razón se rompió a un mar de llanto. Ah, qué liberador. Me permitió
expresar lo que más sentía en lo profundo. Papá, mamá, hermanos… gracias.
Gracias a ustedes y a su entrega es que ahora nos abrimos paso, gracias a
ustedes estamos aquí, gracias a ustedes soy infinitamente feliz. Mi hija me
regaló un saco con un emblema que dice superpapá, ya quisiera yo estar a la
altura de semejante reto. No obstante, tengo claramente un referente que me
permite pensar que puedo llegar a ponerme con orgullo ese saco. Yo si tengo a
un superpapá y estas lágrimas abrieron paso a romper el torpe orgullo y su
ególatra testosterona para decir que tengo al mejor papá del mundo. Hoy le
agradezco a él, todo. Hoy me sentía imitándolo y eso me hizo muy fuerte… y muy
feliz. Cargar maletas? No me alcanzaban los brazos para la fuerza que sentía.
Si hubiera tenido más manos, hubiera cargado más maletas; el problema no era de
fortaleza, era de agarre: adrenalina pura, pero solo dos manos. Sentí la fuerza
suficiente para trastear la casa!16 maletas, y mis 2 hijos – mi esposa se carga
sola-.
A Juliana.
Y si hablamos de super papá,, qué
tal de superhija! Parece que tuviera una hija de 16 años en lugar de una de 5.
Quiero a mi hija, y hoy la quiero aún más. Ha sido un ejemplo de madurez
aplastante. ¿cómo no consentirla? Una princesa dispuesta y deseosa de asumir
todos los retos. Una maravilla. Y hoy, con estoicismo, me dio aún más
fortaleza. Si ella aguanta, yo aguantaré aún más.
A David.
Mi emocional hijo sabía liberar
los sentimientos cuando correspondía. Soportó, como el que más, las 12 horas de
viaje y peripecias que sostuvimos hoy. Un niño que puede pasar como nativo
norteamericano con resistencia de Vikingo. Por él, estaría corriendo, mientras
yo estoy escribiendo.
Las peripecias.
Todo arrancó supremamente bien:
pase VIP mientras esperábamos el retrasado vuelo. Tan retrasado que casi nos
deja! En la sala VIP no pasa el tiempo, el relax nos hizo creer que vendrían a
recogernos. La realidad es que cuando bajábamos, la llamada por altoparlante
del señor cruz, último llamado con su consiguiente carrera de obstáculos con
coche y maletas. Si hasta amenazaron que
si no aparecíamos por seguridad iban a descargar las maletas del avión! Qué
carreras! Pagamos tres asientos y nos subimos como veinte: David era el más
fácil de cargar, pues con Minnie, Mickey, Sambi, Aurora y Osito, todos dijeron
que veníamos de Disneylandia. Dios bendito, nos tenían un huequito… en el
maletero. Y allá cayeron Mickey y sus amigos, después, claro de que Mickey
hubiera besado a más de un compañero de vuelo, osito pateado a la azafata y
Aurora, vagabunda esa, abierta de patas frente a un potencial gringuito. Por
fortuna, con la velocidad que nos subieron –después del concebido regaño,
porque “están llegando muy tarde al aeropuerto” y con un atragantamiento de
insolencia de mi parte –bruto sería si alegara en esos momentos; cabeza gacha y
con el Mickey entre las piernas, y un permanente “lo siento” en dos idiomas.
El vuelo y el dolor de oídos.
No me hablen que no escucho, pues
lo que escucho es a mi cerebro diciendo que estoy pasando la prueba de dolor.
En el primer vuelo, sentí el cambio de presión en mis oídos. Quizás fue el
deseo de absorber parte del dolor de mi hija; pero hey!, no tanto que soy muy
gallina!
La espera del coche
Por fortuna decidimos esperar a
que todo el mundo se bajara para recoger a toda mi tropa. Bendita decisión,
porque los coches llegaron de último.
La fila de inmigración y la espera de inmigración y en el camino, la
llamada del US Marshall para revisar mi maleta. Supongo que pensaron que Mickey
estaba camuflando alguna mercancía mexicana.
Cuando ingresamos con el oficial para revisar Visado, hubo algún problema con
la documentación y nos hicieron esperar en una sala con oficiales y una Celia.
Si Celia, de una región recóndita en USA donde ciertas personas les da pereza…
Celia, realizó algunos ajustes y media hora después nos entregó la
documentación completa. Siguiente paso:
La fila para recoger maletas. Sorpresa, Fort Lauderdale está en
reparaciones; de manera que gran parte del aeropuerto está cerrado y por ello
estaba represado todo el proceso. Cuente maletas y recoja maletas… faltan
brazos! Y haga fila. El problema es que el inicio y el final de la fila eran
difusos y confusos. Gente para todos los lados con su característica amabilidad
y dulzura gringa.
La fila para transportar las maletas. Probablemente 30 minutos
después, otro Marshall pidió papeles y emprendimos la carrera a entregar
maletas. Según el reloj, el vuelo estaría en este momento abordando. Cuente,
entonces, las maletas de mano y empiece a buscar la terminal 3. Salga del
edificio, rodee la construcción, pregunte por instrucciones, retorne, reinicie,
sueñe con tener más brazos, empuje el carrito, recoja las maletas caídas,
vuelva a preguntar, avance y la terminal 3.
El desafío del ascensor: Segundo piso son las entradas, 4
ascensores, 3 dañados y …, según el reloj, el vuelo estaría pronto a despegar.
Bueno, dijimos que ya habíamos tenido un percance similar en el primer vuelo y
que habíamos ganado experiencia para decir I´m
sorry y caminar con el Mickey entre las piernas
La carrera contra el hambre... y la agonía: Mi reino por un banano: No era solo el vuelo pronto a despegar, era la
posibilidad de almorzar (a las 7:30 p.m.) dado que en el avión, el menú
consistía en papas de paquete y orange
Juice. Yo con mi acostumbrado modo económico, no sentía hambre; pero mi
familia. Supermamá consiguió un banano y su consabida y revitalizante dosis de
potasio. Papitas de paquete y skitties (frunas) para evitar el dolor de oído.
(continuará...)